Cuando se llega a Montañita, se perciben líneas estéticas muy particulares: Los carteles de los negocios, los murales, las figuras que resaltan en hoteles y restaurantes, lo tribal, los colores tierra y mar, etc. Todo, en conjunto, crea un ambiente único. Detrás de esta forma de estética existe un artista que ha impregnado su estilo en gran parte del lugar: Santiago Sutton.
Santiago se autodefine como artista. No le gusta que lo encasillen únicamente en el tallado, porque su trabajo abarca también la pintura. “Cuando llegué acá no había nada relacionado con la estética del surf”, nos asegura, y ahora tiene dieciséis años en el pueblo. “Buscaba una forma de vida con más tiempo para mí”, explica. Santiago hizo click con la magia del lugar y se quedó hasta ahora.
Montañita, como a muchos, le cambió la vida y, de ser un oficinista en Buenos Aires, pasó a convertirse en el artista del lugar. No estudió arte y, lo que hace ahora, no lo hacía en su país. Tan sólo se dio cuenta que podía hacerlo y lo hizo. “El primero que me pidió hacer los tikis (figuras hawaianas talladas en madera) fue el restaurante Tikilimbo. Busqué referencias, mantuve lo tribal y luego le di mi propio estilo, personajes más fantasiosos y sicodélicos”, explica. Estas primeras esculturas talladas en madera (laurel y cedro principalmente) fueron las que hicieron correr la voz de que Santiago podía darle vida al pueblo. Luego vinieron los murales, los carteles de los negocios y, poco a poco, sus bocetos cobraron vida.
“No quiero volverme un tallador neto” afirma categóricamente, “soy un artista innato”, asegura. Santiago tiene su propia galería de arte, justo arriba de su taller. Allí expone sus cuadros y las obras de otros que quieren promocionarse. “Es un espacio en el que puedes venir tomarte un café, comprar arte, aprender sobre el tallado”, nos dice. A futuro piensa en la proyección de películas, cursos y talleres.