El Solitario George, el último de su tipo, se convirtió en un símbolo global de los intentos por salvar a su especie, ha muerto, pero no sin dejar un sucesor. Este es el prolífico Diego, un quelonio mandón y macho, que al engendrar a más de 800 descendientes ha salvado de la desaparición a otra especie de tortugas gigantes en Galápagos.
Diego fue repatriado a las islas ecuatorianas en 1975. Anteriormente se encontraba en el zoológico de San Diego, California, que al enterarse de que en Ecuador funcionaba un programa de reproducción de tortugas gigantes, devolvió al quelonio. Diego fue sacado de Galápagos por alguna expedición entre 1900 y 1930.
Su llegada fue providencial, pues ese año quedaban apenas 2 machos y 12 hembras de la especie Chelonoidis hoodensis de la isla Española, cuyo caparazón tiene cierta semejanza con una silla de montar.
Todos los ejemplares fueron trasladados al Centro de Reproducción de la isla Santa Cruz, y de inmediato Diego demostró ser un macho a carta cabal.
Inicialmente fue colocado junto con los otros dos machos y las hembras en el mismo corral, pero Diego era dominante, agresivo y muy activo sexualmente. Ello obligó a sus cuidadores a que en 1983 lo dejaran en un corral separado con cinco hembras, mientras que sus dos colegas se quedarían con siete compañeras. Las tortugas no son monógamas.